Primer amanecer en Bilbao, tardío, eso sí, porque anoche nos acostamos tarde molestando a Torete. Tras la ducha de rigor y una sesión de más tocadas de huevos al berraco, nos dirigimos a un bar cercano para tomar un contundente desayuno vasco.
Un buen desayuno es esencial para afrontar un día lleno de frikadas.